TONELADAS
DE DIÓGENES
PALABRAS Y
VENENOS
Quienes
nos critican debido a nuestro uso de palabras groseras
(y de las grandes), no las
dicen pero las piensan. Prueba de esto radica en el hecho mismo de que
las identifican. Y si las identifican es porque las conocen. Y si las conocen
pero se abstienen de decirlas, son al mismo tiempo hipócritas y suicidas.
Hipócritas porque saborean las palabras y se deleitan con ellas y las paladean
y las rumian y las mastican como chicles, pero no las escupen por miedo a que
se les tilde de “vulgares” y a que los desprecien las damas de alto copete,
quienes, valga de paso, también las conocen y más que ningún otro mortal.
Pero,
además de hipócritas, los remilgados son suicidas porque mantienen el veneno en
el organismo y no lo liberan, ya que en ellos ejerce menos poder el juicio que
el prejuicio, y, sobre todo, porque ignoran que muchos infartos cardíacos son consecuencia del permanecer
callados, razón por la cual yo las digo y las redigo, porque no quiero
que se me desabrochen las costuras.
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