MEMORIAS
DE DIÓGENES
BASURA
FERMENTADA
Recuerdo muy bien,
casi al pie de la letra, lo que me dijo Hipócrates una tarde de
tertulias útiles, Y digo útiles, porque sobreabundan las tertulias inútiles.
Me dijo más o menos lo siguiente:
Los hombres, cuanto más aparentan, cuando más
simulan y disimulan, cuando más fingen, engañan y traicionan, se van
convirtiendo en cúmulos de basuras fermentadas, que terminan por minarles la
salud, lo que se manifiesta, casi imperceptiblemente al comienzo, con dolencias
mútiples que los hacen saltar de médico en médico, de especialista en
especialista, sin que logren mejoría, hasta que finalmente mueren, y a eso, que
tiene su causa silenciosa, lo llaman dizque muerte natural. Se trata de
afecciones del alma, que no pueden ser detectadas por ningún aparato, ya que
son invisibles, aunque se hacen sentir. Enfermedades del alma, que repercuten
en el corazón.
La Humanidad comenzará a cobrar salud –en contraste con la
ingente concurrencia de gente enferma a hospitales y clínicas, como se ve
diariamente- comenzará a cobrar salud sólo cuando mejore internamente, es
decir, cuando sanen el alma y alegren el corazón. Porque un corazón saturado de
miasmas de falsedad y engaño, siempre estará triste, al borde de morir marchito.
Si la gente supiera cuánto mal le causa ser falso, hipócrita, interesado,
traicionero, falaz y de mente criminal, otro gallo les cantaría, en lugar de la
gallina clueca que le rezonga en el corazón...
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