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jueves, 9 de febrero de 2017

SIMPLICIO, EL FILÓSOFO DEL HAMBRE. ¿EN QUÉ MANOS ESTAMOS?






SIMPLICIO.
¿EN QUÉ MANOS ESTAMOS?





La negra empresa llamada ODEBRCHT ha venido a cumplir una misión encomiable porque ha sacado a la luz del Mundo, el verdadero rostro de quienes lo gobiernan.

Es no sólo preocupante sino también causa del mayor de los ascos morales, que en numerosos países el destino de los pueblos haya sido (des)confiado a indiscutibles ladrones de cuello blanco; sujetos orondos y perfumados, a quienes bastaría bajar los pantalones, para notar sus interiores cagados. Todos ellos bajo el denominador común de la Política, que no es sino la letrina donde fornican y se regocijan en la inmundicia, seres abyectos de la peor especie. Actividad o  profesión de quienes lucran de la buena fe de los gobernados, auténticos becerros en el redil de los engaños más atroces, toda vez que sus autores logran sus propósitos con hermosas palabras y promesas huecas que se repiten año tras año, sin que las víctimas se convenzan de la realidad y sin que quieran darse cuenta de que  las leyes no bastan por sí solas para gobernar, pues no funciona  si no le sirve de impulso, alma y corazón la fibra de la Moral.
Ante tanta podredumbre, doy gracias porque he arrastrado mi vida entre basurales y miseria, pero con entereza y dignidad, como mi amigo Diógenes, sin prostituirme ni ceder.
Ojalá que las “explosiones” provocadas por ODEBRCHT, sirvan de algo, siquiera para que los pueblos abran por fin los ojos y decidan si se mantendrán sometidos a las manipulaciones de los políticos, o se sacudirán de esa peste, para buscar caminos propios, de los que llevan a las alturas de la dignidad y del espíritu y de los que alejan de los encantos del lucro y del dinero sucio.



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