SIMPLICIO.
¿EN QUÉ MANOS
ESTAMOS?
La negra
empresa llamada ODEBRCHT ha venido a cumplir una misión encomiable porque ha
sacado a la luz del Mundo, el verdadero rostro de quienes lo gobiernan.
Es no sólo preocupante sino también causa del mayor
de los ascos morales, que en numerosos países el destino de los pueblos haya
sido (des)confiado a indiscutibles ladrones de cuello blanco; sujetos orondos y
perfumados, a quienes bastaría bajar los pantalones, para notar sus interiores
cagados. Todos ellos bajo el denominador común de la Política, que no es sino
la letrina donde fornican y se regocijan en la inmundicia, seres abyectos de la
peor especie. Actividad o profesión de
quienes lucran de la buena fe de los gobernados, auténticos becerros en el
redil de los engaños más atroces, toda vez que sus autores logran sus propósitos
con hermosas palabras y promesas huecas que se repiten año tras año, sin que
las víctimas se convenzan de la realidad y sin que quieran darse cuenta de que las leyes no bastan por sí solas para
gobernar, pues no funciona si no le
sirve de impulso, alma y corazón la fibra de la Moral.
Ante tanta podredumbre, doy gracias porque he
arrastrado mi vida entre basurales y miseria, pero con entereza y dignidad,
como mi amigo Diógenes, sin prostituirme ni ceder.
Ojalá que las “explosiones” provocadas por
ODEBRCHT, sirvan de algo, siquiera para que los pueblos abran por fin los ojos
y decidan si se mantendrán sometidos a las manipulaciones de los políticos, o se
sacudirán de esa peste, para buscar caminos propios, de los que llevan a las
alturas de la dignidad y del espíritu y de los que alejan de los encantos del
lucro y del dinero sucio.

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